sábado, 10 de mayo de 2008

Para Entender Los partidos políticos y las Elecciones de los Estados Unidos Mexicanos - Comentarios al Libro de José Woldenberg

El Real Cambio Político en México

Respecto a lo enunciado por el autor al considerar que “No existe democracia sin sistema equilibrado de partidos políticos, y por supuesto de elecciones”, resulta poco convincente en la realidad que vive el país en los últimos años.
Desde mi muy particular punto de vista, no son los partidos políticos un elemento de existencia para las democracias modernas, si lo son, la Constitución, la división de poderes, el respeto a las garantías individuales y, claro, la realización de elecciones periódicas y libres los elementos de existencia de una democracia.
Considero que a la fecha de realización de este libro y después del sentido triunfalista de la llamada transición democrática del año 2006, llevaron al autor a realizar dicha consideración, es entendible, sería oportuno saber si piensa lo mismo en esta época.
Sin embargo, no podemos demeritar el ejercicio, bien articulado que el poder real de nuestro país realizó para llegar a tales circunstancias históricas, y que fueron realmente situaciones mediáticas las que presionaron para que sucediera esa “alternancia en el poder”; reconozcamos que no fue realmente una aportación a nuestra democracia ni mucho menos a nuestro Sistema de Partidos y que tampoco edificaron un sistema competitivo y equilibrado.
La realidad es que la desestabilización interna del PRI que efectivamente se originó desde el año 1968 y la llegada de los “tecnócratas” al poder, obligaron a realizar una serie de concesiones, a regaña dientes, no originadas del interior del sistema político sino de recomendaciones exteriores internacionales. Es decir, ya no se podía sostener la “dictadura perfecta” en la visión internacional de un Estado Democrático Moderno.
El resultado es, entonces, únicamente un cambio de roles en la actividad política sin otorgar con ello el control completo del Estado, tan sólo con la parte que menos parece importar al “poder”, ya que la administración y control de la economía sigue y seguirá en manos de quienes la han tenido históricamente. Si no pregúntense ¿Cuánto más seguirá al frente del Banco de México su "Dictador"? porque Presidente no es; o ¿Cuál es la escuela del actual Secretario de Hacienda?
La implantación de Instituciones que regulen el quehacer electoral, ya sea ciudadanas o jurisdiccionales (IFE o TEPJF), son tan sólo, los mínimos requisitos que un Estado Democrático debe cumplir, como el nuestro, en el que su historia negra de abuso del poder y de excesos en su ejercicio, requieran de una legitimación y procuren la gobernabilidad.
Es interesante observar que, el autor al desarrollar este primer apartado haga patente el alejamiento de los partidos políticos con los ciudadanos, como si fueran, efectivamente, entes que completamente se encuentran sumergidos en su muy aislada actividad política, en la que los ciudadanos sólo cumplen el rol de reclamantes, y al gobierno como ese dador de pluralidad e impulsor de reformas. Esta óptica que encuentro, refuerza las ideas que he manifestado en párrafos anteriores, y que aunque se reconocen en el libro los desencuentros políticos, existe una idea demasiado optimista del papel que juegan los partidos políticos en la vida democrática del país.

¿Imprescindibles los partidos políticos?

No coincido en nada con la afirmación del Autor “Los partidos políticos, en su acepción contemporánea, son imprescindibles para la democracia”, si el estudio fuera netamente legal, efectivamente, así lo consagra la Constitución, pero al ser éste un material de análisis, creo que tal idea atenta contra la opinión de la sociedad civil organizada.
La realidad es que los partidos políticos tienen el monopolio del poder y los ciudadanos no hemos generado los contrapesos suficientes para debilitarlo, el interés al debilitamiento de ese monopolio es consecuencia del incumplimiento -de los partidos políticos- con la obligación constitucional de mediación entre Gobierno y sociedad y ser ese adecuado canal de comunicación.
Los militantes de los partidos políticos si bien forman parte del “pueblo” gozan de un estatus superior al formar parte de las Estructuras del Estado, y es desde sus cúpulas, donde sólo buscan administrar, subsistir y gobernar, dejando a la suerte, o a la balanza comercial, el progreso y el desarrollo micro espacial del ciudadano, por lo que sólo denotan atender lo que afecte a sus intereses.
Más que representar una expresión política y una alternativa a la participación política ciudadana se asumen como gobierno propiamente y concentradores de votos.
Por tal motivo, no considero que sean los partidos políticos imprescindibles, sólo necesarios, hasta el momento en que la sociedad civil aprenda y conozca el funcionamiento del Sistema. En los últimos años y en pleno ejercicio del poder que se les ha conferido, así como del gobierno que sustentan, sólo han dado muestras de contracción a la participación directa; con las últimas reformas electorales, se ha bloqueado la participación de las agrupaciones políticas, la creación de nuevos partidos políticos, la casi imposible candidatura independiente, entre otras, que sólo muestran, nuevamente, la necesidad de matizar los candados que aparentemente habían quitado a la pluralidad de expresiones.
El autor hace un recuento evolutivo de los derechos, obligaciones y prerrogativas que los partidos políticos tenían desde la reforma de 1977 y hasta 2003, insistiendo ese progreso democrático legal que fueron teniendo, como si a los ciudadanos nos debieran complacer tantas reformas democratizadoras y de avanzada. Ahora desde mi punto de vista me queda claro que tanta apertura no fue mas que para permitir al PRI la constitución de sus partidos “satélite” y prever desde entonces que se convertiría en oposición, quizá es darle demasiada concesión a una estrategia inteligente, pero si no fue planeada, finalmente le ha resultado benéfica, sino veamos ahora al PANAL y algunos partidos locales de las Entidades.
Respecto al tema final del libro, intitulado las elecciones, es una excelente monografía para todos aquellos ciudadanos que, como lo dice el título del libro, quieran entenderlas.

Conclusión

Sin el afán de demeritar, de ninguna manera, esta obra y con todo respeto que le tengo al Autor, considero que este libro esta cargado de mucha información optimista y completamente subjetiva e institucionalizada, respecto al tratamiento de los partidos políticos, no se hace una reflexión sobre las crisis que desde esos años vivían, lo considero necesaria, así como de los hechos políticos fundamentales emanados que llevaron al cambio de partido en el poder.

Al ser esta una serie de libros con el fin de explicar, de forma clara, distintos temas políticos-electorales y que podríamos considerar, incluso, materia de educación cívica y construcción de ciudadanía, deberían enfatizarse el análisis critico al tratar hechos históricos, que otorguen al lector un mejor contexto, que generen reflexión y finalmente una opinión.

lunes, 21 de abril de 2008

Para entender El Estado - Comentarios al Libro de José Antonio Crespo

No toda la población forma parte del estado

Esta es la primera aseveración que sorprende al lector, ¿Cómo afirmar tan categóricamente esta concepción, cuando la definición tradicional es clara? “El estado es la combinación de pueblo, gobierno y territorio”, todos los ciudadanos formamos parte de ese pueblo ¿o así nos lo hacen creer?
Sin embargo, tranquiliza un tanto, entender que el autor lo afirma desde el punto de vista político, no jurídico, pero tampoco se puede negar, desafortunadamente, la razón que tiene al realizar tal señalamiento e invariablemente desprende una dramática reflexión.
Efectivamente, sólo un grupo muy reducido de la sociedad, formado por políticos, gobernantes, legisladores, jueces y demás “personajes” de la élite política o “clase política” conforman el Estado; y que el resto de la sociedad se le denomina “sociedad civil” quien ostenta la ficción llamada “opinión pública”, es decir, desde el punto de vista político, los ciudadanos que no forman parte integrante de alguno de los poderes autónomos de nuestro gobierno, somos simples espectadores de actos y decisiones que toman quienes conforman el “pueblo”.
Si coincidimos con lo anterior, el término “pueblo”, salvajemente trastocado, cambiaría totalmente de significado, y los ciudadanos ya no tendríamos ni esa condición debido a que sólo una parte del pueblo conforma el Estado; por lo tanto perderíamos -el resto- incluso, lo señalado en el artículo 39 Constitucional, la -soberanía nacional-. Lo anteriormente dicho no cambiaría en nada nuestra condición real, ya que el artículo señalado sólo facultaría al “pueblo” modificar la forma de gobierno, y por tanto a la sociedad cambiaría, en esas condiciones, la forma de Estado.
El lo subsecuente me referiré como "pueblo" a ese sector que únicamente compone al estado diferenciando al resto como sociedad civil. ésta última integrada en su myoría por la llamda clase media trabajadora, progresista e ilustrada.

México un pueblo de Egoístas, no así la Sociedad Civil

Entendiendo al egoísmo como una expresión del individualismo, cuando un ser humanos se enfrenta a la difícil decisión de satisfacer sus deseos y necesidades y esto implica afectar a otros, y opta por su propio interés, efectivamente se podría decir que el ahora “pueblo mexicano” es egoísta.
Podemos asegurar que es la naturaleza humana, que la actual “ley de la selva” que impera en las élites políticas rectoras del gobierno son inevitables, sin embargo la sociedad civil organizada ha dado ejemplos y muestras del ideal fraternal y altruista de un Estado de Ayuda Mutua.
¿Por qué el “pueblo” se aleja de esas utopías? Es una pregunta que retóricamente se puede responder, sólo basta revisar la cantidad de líneas de discurso político para contestar la pregunta. Sin embargo el único medio de control que la sociedad civil tiene frente a esas muestras de egoísmo, de gobernantes y otros entes políticos, es la renovación del Estado Democrático, aunque no necesariamente por la vía pacífica, sin embargo, el México Moderno ha quedado alejado ya de la anarquía, de las revoluciones, por lo que no se ve como una solución realmente factible para renovarlo, con lo único que se cuenta es con la organización al amparo de la ley que posibilite una reforma clara que beneficie a todos lo actores del Estado Mexicano incluida la sociedad en su conjunto.

Hacer frente al Abuso del Poder E Impunidad del Déspota

Entendiendo al déspota como aquel que detenta el poder y lo utiliza de forma abusiva frente a la comunidad que gobierna, en México históricamente se han dado claros ejemplos de ese despotismo gubernamental, y claro es, que en ocasiones, no han quedado impunes, sin embargo, la actual sociedad mexicana un poco más informada, no pasa por alto aquellas muestras de impunidad que aún siguen sucediendo.
Para acabar con ese abuso del poder e impunidad, como señala el autor, el Estado Democrático Mexicano requeriría necesariamente de un lapso de Anarquía mediante una revolución que disolvería al Estado, con el propósito de que acabada la revolución se constituya uno menos abusivo, pero históricamente no se aseguran los mejores resultados.
México después de largos años de Anarquía, se estabilizó en lo que ahora conocemos como Estado Democrático y que para atacar el abuso del poder y la impunidad, constituyó Instituciones que velaran por la paz social y el bien común, en años recientes creó instituciones autónomas para eficientar la rendición de cuentas -el gran antídoto de la impunidad- no sólo para intituciones gubernamentales sino abarcando, incluso, a los actores que representan el poder económico, tales ejemplos son el IFAI, IFE, CONSAR, CONDUCEF, CNDH, entre otros.
Si bien no se ha logrado la excelencia en cuanto la transparencia de los recursos que el “pueblo” utiliza, y la salvaguarda y protección a los derechos fundamentales, por lo menos tendría la sociedad civil lo medios para conocer la verdad histórica; lamentablemente son otros, como lo medios de comunicación los que se postulan como “mediadores” y “reguladores” de esa información, tratando de representar la ficción “opinión pública” alegando un supuesto compromiso social de informar.
Ya que la justicia sigue en manos del “pueblo” y hasta que la justicia deje de politizarse, no habría manera de frenar la “justicia a modo” de la que gozan algunos grupos de poder, véase caso Mario Marín, Ulises Ruiz, PEMEXGate, Hermanos Bribiesca, Segundo Piso, Vamos México, Matanza de policías en Tláhuac, Caso Muriño, Impunidad a Militares, Atenco, Pasta de Conchos, etcétera.
México como Estado Democrático ha apostado e invertido gran parte del erario público en instituciones dotadas de facultades y cierto poder para vigilar y contener a los gobernantes o representantes de los poderes públicos, que pretendan abusar del poder que les es conferido; esta diversificación del poder se constituye en una forma de regular y mitigar el abuso del poder y en alguna medida la impunidad. Pero la sociedad civil sigue sin contar con los elementos necesarios para manifestar su opinión sobre los temas que realmente le afectan.
Ejemplo de ello es limitar la decisión y voz de los ciudadanos al seguir conteniendo las Reformas Constitucionales para dotar de mecanismos de participación ciudadana a nivel Federal así como la revocación del mandato a los gobernantes y legisladores, en un Estado que se presume democrático, la voz de la sociedad civil a favor o en contra de las decisiones del “pueblo” no tendría mejor conducto que a través del referéndum, plebiscito, iniciativa popular o reovación del mandato a nivel federal.
Una alternativa rescatable de la Constitución de 1835 en beneficio, considero, de la sociedad civil, es la Instauración del Cuarto Poder, es decir, aquel llamado, “Supremo Poder Conservador”, pero que en esta realidad podría denominarse “Supremo Poder Constitucional” el cual tendría que ser elegido por los ciudadanos e integrado por ciudadanos “apolíticos”, quizá una utopía, pero en la que por lo menos los partidos políticos no tuvieran ninguna ingerencia, con enteras facultades de vigilancia de los otros tres poderes.
De antemano se que la anterior propuesta es idealista y utópica pero la dejo, simplemente como una alternativa más que dentro del Estado Democrático podría ser considerada para no cruzar por el difícil camino de la Revolución; considero continuar con un estudio más acabado sobre ésta propuesta que tiene muchas vertientes sobre la nueva concepción del Estado Democrático Mexicano.

martes, 25 de marzo de 2008

Nueva Conformación del Poder Legislativo Mexicano

Naturaleza Jurídica y Conformación del Poder Legislativo

Con fundamento en lo dispuesto por el artículo 50 constitucional, el poder legislativo de los Estados Unidos mexicanos se deposita en un Congreso General, que se dividirá en dos cámaras, una de diputados y otra de senadores.

Para la conformación de poder legislativo efectivamente es imperante la determinación del número de habitantes que tienen el derecho de elegir a quienes serán sus representantes, otro factor es la determinación geográfica de los límites territoriales de los distritos de elección y las circunscripciones en las que se encuentra dicha población.

Esta geografía establecen 300 distritos de elección uninominales y cinco circunscripciones plurinominales, sin embargo, para el caso de senadores la representación no depende del número de habitantes de la dimensión de los territorios ya que es una potestad de los estados de la federación contar con cuatro representantes en la cámara de senadores dos por votación mayoritaria uno por primera minoría y otro por representación proporcional.
Con fundamento en el artículo 53 constitucional la demarcación territorial de los 300 distritos electorales uninominales será la que resulte de dividir la población total del país entre los distritos señalados. La distribución de los distritos electorales uninominales, entre las entidades federativas, será teniendo en cuenta el último censo general de población, en ningún caso la representación del estado podrá ser menor de dos diputados de mayoría. Sin embargo, como es de todos conocido, dicha distribución atiende más a un criterio político, que demográfico.
Las cinco regiones de circunscripción plurinominal que conforman la República Mexicana son agrupaciones de varios estados que, para efectos electorales, funcionan como una sola región. Son plurinominales porque en ellas se puede elegir a más de un diputado en función de los porcentajes que obtengan los partidos políticos respecto de la votación total en esa circunscripción.
Existen algunos criterios para determinar esta circunscripciones tales como:
· Contener aproximadamente la misma cantidad de población y distritos electorales,
· Respetar las características geográficas de cada zona, como son las sierras, ríos, valles, cañadas, las principales vías de comunicación etc.
· Procurar que estas se acerquen a la figura geométrica de un polígono regular,
· Cuidar que estas regiones solo incluyan estados completos.

Cámara de Diputados

Conforme a los artículos 52 y 53 constitucionales la Cámara de Diputados se integra con 500 diputados, integrados por:
  • 300 son de mayoría relativa, electos por el sistema de distritos uninominales. A estos representantes se les denomina diputados por mayoría.
  • 200 restantes son de representación proporcional o plurinominales y se eligen mediante un sistema de listas de candidatos presentadas por cada partido político en cada una de las cinco circunscripciones. En éstas los diputados son designados a partir de la cantidad total de votos que cada partido obtiene.
Los diputados tanto en el ámbito federal como en el local son electos cada tres años (Art 51 constitucional).

Cámara de Senadores

Según el artículo 56 Constitucional la Cámara de Senadores está integrada por 128 miembros, de los cuales:
a) 64 Senadores (2 por cada estado del país, y 2 del Distrito Federal) son elegidos por el principio de votación mayoritaria.
b) 32 Senadores (1 por cada estado y 1 del Distrito Federal) son electos por primera minoría, la cual le corresponde al partido que haya ocupado el segundo lugar en las votaciones de la entidad de que se trate.
c) 32 Senadores son electos por el principio de representación proporcional mediante el sistema de listas votadas en una sola circunscripción plurinominal nacional, es decir a partir de la cantidad total de votos para senadores que cada partido obtenga en todo el país.
La totalidad de los senadores serán elegidos cada seis años.
Los requisitos para ser senador son los mismos que para ser diputado excepto el de la edad, que es de por lo menos treinta años cumplidos al día de la elección (Art. 58 constitucional).

Propuesta del Tratadista Jorge Fernández Ruiz

Visto lo anterior, la propuesta que centra el Autor del Libro Poder Legislativo, Jorge Fernández Ruiz, respecto a la Cámara de Diputados gira en torno a 3 ejes fundamentales:

Cámara de Diputados

  1. Crecimiento Desmesurado de la Cámara de Diputados
  2. La gravosa carga fiscal que representan
  3. El Antidemocrático Sistema de Representación Proporcional
Respecto al primer punto, el autor señala que los 500 diputados que integran la Cámara de Diputados resulta excesivo si se compara con los cuerpos homólogos de otros sistemas bicamerales de América; y haciendo una comparación respecto al número de población de algunos países y sus respectivas Cámaras, efectivamente resulta, que el crecimiento desmesurado de nuestra Cámara se puede interpretar como resultado de la conciliación entre los actores de un sistema de partido hegemónico que le permitió mantener su cuota de curules a repartir entre sus estructuras corporativas, a la vez que permitió a los partidos de oposición alcanzar un número significativo de asientos en dicho cuerpo legislativo, como ocurriría en procesos electorales en los que ya no logró el PRI la mayoría en ambas cámaras.
Lo anterior conlleva al segundo eje que es: el factor económico, por lo que seguir mantenido en la actualidad dicho crecimiento desmesurado de la estructura legislativa, representa una carga presupuestaria sobre una población que en su mayoría se encuentra en condiciones de pobreza y marginación. Por lo que predica la conveniencia de reducir el número de curules para eliminar esa sobre representación de población y afirma, incluso, que no por duplicar el número de integrantes de un órgano legislativo se duplica, o cuando menos se mejora un poco su productividad, efectividad o calidad de su actividad pública.
Finalmente señala que debería terminarse con el antidemocrático sistema que permite a las cúpulas de los partidos, colocar a sus incondicionales en los primero lugares de sus respectivas listas cerradas y bloqueadas de candidatos a las circunscripciones plurinominales, aquellos con la única posibilidad de alcanzar un asiento en la Cámara de Diputados. Señala el autor y destaca la fórmula que sigue el Estado de Nuevo León y que debería emplearse para la éste sistema que consiste en que, las diputaciones de representación proporcional que correspondan a cada partido serán asignadas a los candidatos que no habiendo obtenido el mayor porcentaje de votos por su distrito, hubieren obtenido el mayor porcentaje de votos en su distrito a favor de su partido, lo que equivale a que los candidatos no sólo compitan con los de otros partidos sino con los del propio, pues resultarían electos los que alcanzaran las votaciones mayores.
El autor respecto de la Cámara de Diputados propone que se reduzca a 250 el número de diputados de los cuales la mitad podría discernirse por el principio de mayoría relativa en distrito uninominales y la otra mitad por representación proporcional, con lo cual la geografía reduciría a 125 distritos electorales uninominales, los que para la elección de diputados de representación proporcional se reagruparían en cinco circunscripciones plurinominales, cada una de las cuales comprendería todos los distritos electorales en varias entidades federativas para elegir un promedio de veinticinco diputados, de suerte que no se emplearían listas electorales.

Cámara de Senadores

Para el autor en estudio, la composición actual atenta contra el sentido histórico y federalista del Senado, en virtud de que éste representa teórica y prácticamente, el sentido del pacto federal, conforme al cual todos lo estados son iguales, de donde su representación debe ser paritaria y en el que, incluso, en su origen, es la voluntad de los estados determinante para la conformación del Senado, en el que los senadores eran designados por la legislaturas de cada uno de los estados.
Por lo que es una exigencia ciudadana reducir el número excesivo de sus miembros y terminar con las críticas basadas en tradiciones y razones históricas de su actual composición. Por lo que se debería adoptar un esquema que permita reducir a la mitad el número de senadores, sin menoscabo de la apertura y la pluralidad de la institución.
Por lo que se podrían elegir 32 senadores por el principio de de mayoría relativa, uno por cada entidad, y 32 por el de presentación proporcional en una circunscripción plurinominal, y que para la designación de estos últimos se utilizara la fórmula Hare-Andrae, (designación por conciente electoral).
Con la fórmula propuesta se podría desarrollar una composición plural y democrática del Senado, configurado mediante un sistema electoral mixto que emplearía de manera paritaria los principios de mayoría relativa y representación proporcional, y evitaría el repudiado capricho de la partitocracia de convertir en senadores a quienes las cúpulas partidistas quieran favorecer para asegurarles su presencia en el Senado, sin el menos esfuerzo no contender en la liza electoral, como lo sostiene el autor; logrando en el mismo sentido, que los candidatos no compitan contra otros partidos sino contra los de su mismo partido, evitando incuso la asignación de escaños para la primera minoría, lo que concilia la representación proporcional con la representación igualitaria de las entidades federativas.

Propuesta Personal

Considero que las propuestas formulada por el tratadista Jorge Fernández Ruiz son posibles y moderadas, que si bien busca en mucho el adelgazamiento de la estructura legislativa, no necesariamente atacan el problema frontal por el que la mayoría de los ciudadanos se encuentran insatisfechos con el órgano que les dice representar. Por el contrario jugando las mismas reglas de nuestro sistema de representación mixta, el autor únicamente atenúa la posibilidad del abuso político de los partidos, su fuente de poder político y económico, el asegurar reglar claras para la postulación de personalidades que quieran imponer en el órgano de mayor poder, y en continuar con la oferta de candidatos sin que los ciudadanos tengan la posibilidad de ingerir en la decisión de los mismo y sólo su participación sea en la elección de éstos.
De tal modo que la propuesta que someto a consideración es la eliminación del sistema de representación mixto, que como acertadamente lo explica el tratadista en algunos capítulos de su libro, fue una necesidad histórica dentro de un sistema hegemónico de control partidista, que en la actualidad sólo ha servido como forma de colocación estratégica de cuadros cuya función sea de mantener el control al interior de los grupos parlamentarios o de negociadores experimentados que destraben intereses encallados.
El acceso y respeto a las minorías, demagógicamente, se ha tratado de llevar al escenario político legislativo, ha quedado demostrado que a las minorías es lo que menos representan las legislaturas contemporáneas, incluso me atrevo a señalar que ni siquiera son los espacios en que les interesaría manifestar necesidades prioritarias. Ha quedado demostrado que los partidos considerados minoría, únicamente se refiere a su valor cuantitativo dentro de una elección y no por lo que representan en esencia, es decir, un Partido Verde Ecologista no representa más que a la minoría de su “familia”, aunque se escuche poco sería esta afirmación; un Partido del Trabajo que sólo ha demostrado ser apéndice de otros partidos, y así sucesivamente podríamos calificar a cada uno de ellos con sus respectivas “cualidades”.
Por lo que es una necedad real e insostenible que, so pretexto de mantener una crítica constructiva que en su momento realizó el Presidente Kennedy al entonces Presiente de la República Adolfo López Mateos respecto a la protección de las minorías, se siga dando acceso a quienes con su escasa representación, y al cobijo de la figurada protección de las minorías se busque el acceso al poder político e insensible, y así como intencionalmente he mezclado los términos “minorías” desde el punto de vista cuantitativo electoral y cualitativo social, es cómo lo hacen los propios partidos políticos con la intensión de convencer.
Así, el hecho de prescindir de la presentación proporcional, ni nos hace menos democráticos ni menos coherentes con nuestro futuro legislativo, por el contrario con los mismos argumentos con los que el tratadista antes mencionado apoya su propuesta apoyo la mía en virtud de que:

Cámara de Diputados

Para la Integración de la Cámara de Disputados bastaría con tener 300 diputados por el principio de mayoría relativa, ese número, en virtud de que la geografía electoral así considerada para la división del territorio, 300 distrito uninominales, está planteada y la cual no considero oportuno reestructurar, ya que finalmente nada tiene que ver con la densidad de población; y mal acierto sería encontrar una que llevaría aún más tiempo implementar.
La eliminación de los llamados diputados de partido que sólo representan a los intereses de su bancada, y a las cúpulas partidistas, la bien llamada clase política del país, representaría un gran ahorro al erario de los mexicanos.
No sería entonces entretenernos en calificar de democrático o antidemocrático la forma en que los partidos designan sus listas de candidatos para ser votadas en circunscripciones, ya que dichas circunscripciones desaparecerían, ya que igualmente no representan ninguna calidad geográfica justificable sino meros territorios históricos de influencia.

Cámara de Senadores

Sin la intensión es eliminar el sistema mixto de representación y coincidiendo con las reflexiones echas por el tratadista multicitado, efectivamente el Senado tiene la naturaleza de representar a las entidades que en pleno ejercicio soberano suscriben el pacto Federal, por lo que contar únicamente con 32 senadores es suficiente para ésta representación nacional. 32 senadores electos por el principio de mayoría relativa en cada una de sus entidades.

Conclusión

Si bien una propuesta como esta requeriría de mayores puntos de análisis, considero que los anteriores planteamientos se circunscriben dentro del espíritu de contar con un Poder Legislativo representativo de los ciudadanos, que se adapte a la realidad por la que los partidos políticos viven, su aparente crisis y no lejana desaparición, con lo cual se tendría que preparar los mecanismos adecuado para dar paso a la incursión de nuevas formas que continúen con la División de Poderes, y sobre todo éste poder fundamental del Estado Mexicano. Si bien las candidaturas ciudadanas o independientes no parecen ser una alternativa a corto plazo, el prescindir de las representaciones impuestas por partidos, vía diputados o senadores de partido, dará pie a una mayor reflexión sobre las distintas alternativas que la nueva realidad política y representativa del México del Siglo XXI requiere.