lunes, 21 de abril de 2008

Para entender El Estado - Comentarios al Libro de José Antonio Crespo

No toda la población forma parte del estado

Esta es la primera aseveración que sorprende al lector, ¿Cómo afirmar tan categóricamente esta concepción, cuando la definición tradicional es clara? “El estado es la combinación de pueblo, gobierno y territorio”, todos los ciudadanos formamos parte de ese pueblo ¿o así nos lo hacen creer?
Sin embargo, tranquiliza un tanto, entender que el autor lo afirma desde el punto de vista político, no jurídico, pero tampoco se puede negar, desafortunadamente, la razón que tiene al realizar tal señalamiento e invariablemente desprende una dramática reflexión.
Efectivamente, sólo un grupo muy reducido de la sociedad, formado por políticos, gobernantes, legisladores, jueces y demás “personajes” de la élite política o “clase política” conforman el Estado; y que el resto de la sociedad se le denomina “sociedad civil” quien ostenta la ficción llamada “opinión pública”, es decir, desde el punto de vista político, los ciudadanos que no forman parte integrante de alguno de los poderes autónomos de nuestro gobierno, somos simples espectadores de actos y decisiones que toman quienes conforman el “pueblo”.
Si coincidimos con lo anterior, el término “pueblo”, salvajemente trastocado, cambiaría totalmente de significado, y los ciudadanos ya no tendríamos ni esa condición debido a que sólo una parte del pueblo conforma el Estado; por lo tanto perderíamos -el resto- incluso, lo señalado en el artículo 39 Constitucional, la -soberanía nacional-. Lo anteriormente dicho no cambiaría en nada nuestra condición real, ya que el artículo señalado sólo facultaría al “pueblo” modificar la forma de gobierno, y por tanto a la sociedad cambiaría, en esas condiciones, la forma de Estado.
El lo subsecuente me referiré como "pueblo" a ese sector que únicamente compone al estado diferenciando al resto como sociedad civil. ésta última integrada en su myoría por la llamda clase media trabajadora, progresista e ilustrada.

México un pueblo de Egoístas, no así la Sociedad Civil

Entendiendo al egoísmo como una expresión del individualismo, cuando un ser humanos se enfrenta a la difícil decisión de satisfacer sus deseos y necesidades y esto implica afectar a otros, y opta por su propio interés, efectivamente se podría decir que el ahora “pueblo mexicano” es egoísta.
Podemos asegurar que es la naturaleza humana, que la actual “ley de la selva” que impera en las élites políticas rectoras del gobierno son inevitables, sin embargo la sociedad civil organizada ha dado ejemplos y muestras del ideal fraternal y altruista de un Estado de Ayuda Mutua.
¿Por qué el “pueblo” se aleja de esas utopías? Es una pregunta que retóricamente se puede responder, sólo basta revisar la cantidad de líneas de discurso político para contestar la pregunta. Sin embargo el único medio de control que la sociedad civil tiene frente a esas muestras de egoísmo, de gobernantes y otros entes políticos, es la renovación del Estado Democrático, aunque no necesariamente por la vía pacífica, sin embargo, el México Moderno ha quedado alejado ya de la anarquía, de las revoluciones, por lo que no se ve como una solución realmente factible para renovarlo, con lo único que se cuenta es con la organización al amparo de la ley que posibilite una reforma clara que beneficie a todos lo actores del Estado Mexicano incluida la sociedad en su conjunto.

Hacer frente al Abuso del Poder E Impunidad del Déspota

Entendiendo al déspota como aquel que detenta el poder y lo utiliza de forma abusiva frente a la comunidad que gobierna, en México históricamente se han dado claros ejemplos de ese despotismo gubernamental, y claro es, que en ocasiones, no han quedado impunes, sin embargo, la actual sociedad mexicana un poco más informada, no pasa por alto aquellas muestras de impunidad que aún siguen sucediendo.
Para acabar con ese abuso del poder e impunidad, como señala el autor, el Estado Democrático Mexicano requeriría necesariamente de un lapso de Anarquía mediante una revolución que disolvería al Estado, con el propósito de que acabada la revolución se constituya uno menos abusivo, pero históricamente no se aseguran los mejores resultados.
México después de largos años de Anarquía, se estabilizó en lo que ahora conocemos como Estado Democrático y que para atacar el abuso del poder y la impunidad, constituyó Instituciones que velaran por la paz social y el bien común, en años recientes creó instituciones autónomas para eficientar la rendición de cuentas -el gran antídoto de la impunidad- no sólo para intituciones gubernamentales sino abarcando, incluso, a los actores que representan el poder económico, tales ejemplos son el IFAI, IFE, CONSAR, CONDUCEF, CNDH, entre otros.
Si bien no se ha logrado la excelencia en cuanto la transparencia de los recursos que el “pueblo” utiliza, y la salvaguarda y protección a los derechos fundamentales, por lo menos tendría la sociedad civil lo medios para conocer la verdad histórica; lamentablemente son otros, como lo medios de comunicación los que se postulan como “mediadores” y “reguladores” de esa información, tratando de representar la ficción “opinión pública” alegando un supuesto compromiso social de informar.
Ya que la justicia sigue en manos del “pueblo” y hasta que la justicia deje de politizarse, no habría manera de frenar la “justicia a modo” de la que gozan algunos grupos de poder, véase caso Mario Marín, Ulises Ruiz, PEMEXGate, Hermanos Bribiesca, Segundo Piso, Vamos México, Matanza de policías en Tláhuac, Caso Muriño, Impunidad a Militares, Atenco, Pasta de Conchos, etcétera.
México como Estado Democrático ha apostado e invertido gran parte del erario público en instituciones dotadas de facultades y cierto poder para vigilar y contener a los gobernantes o representantes de los poderes públicos, que pretendan abusar del poder que les es conferido; esta diversificación del poder se constituye en una forma de regular y mitigar el abuso del poder y en alguna medida la impunidad. Pero la sociedad civil sigue sin contar con los elementos necesarios para manifestar su opinión sobre los temas que realmente le afectan.
Ejemplo de ello es limitar la decisión y voz de los ciudadanos al seguir conteniendo las Reformas Constitucionales para dotar de mecanismos de participación ciudadana a nivel Federal así como la revocación del mandato a los gobernantes y legisladores, en un Estado que se presume democrático, la voz de la sociedad civil a favor o en contra de las decisiones del “pueblo” no tendría mejor conducto que a través del referéndum, plebiscito, iniciativa popular o reovación del mandato a nivel federal.
Una alternativa rescatable de la Constitución de 1835 en beneficio, considero, de la sociedad civil, es la Instauración del Cuarto Poder, es decir, aquel llamado, “Supremo Poder Conservador”, pero que en esta realidad podría denominarse “Supremo Poder Constitucional” el cual tendría que ser elegido por los ciudadanos e integrado por ciudadanos “apolíticos”, quizá una utopía, pero en la que por lo menos los partidos políticos no tuvieran ninguna ingerencia, con enteras facultades de vigilancia de los otros tres poderes.
De antemano se que la anterior propuesta es idealista y utópica pero la dejo, simplemente como una alternativa más que dentro del Estado Democrático podría ser considerada para no cruzar por el difícil camino de la Revolución; considero continuar con un estudio más acabado sobre ésta propuesta que tiene muchas vertientes sobre la nueva concepción del Estado Democrático Mexicano.

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